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Por Carlos Alberto Berrueta

Hace tiempo que venía rondando en mi mente el deseo y la idea de  incluir en la nómina de «Historias….» ésta que corresponde a los inicios de esta noble profesión en mi «Patria Chica», siendo esa una forma de  homenajear a aquellos intrépidos pioneros rindiéndoles un tributo y justo reconocimiento al sacrificio y la entrega en pos de lo que hicieron por este noble oficio que nos une.

Antes de avanzar en el desarrollo del tema creo oportuno hacer  una pequeña  aclaración sobre el significado de la palabra Tahona: Segun la Real Academia Española su significado  tiene dos acepciones:

                   1)  «Molino de harina movido mediante animales de tiro»

                   2)  «Establecimiento en el que se elabora y se vende pan y otros productos hechos con harina». 

 Esto aclara algo sobre las dudas que muchos se plantean respecto de las caracteristicas y origen de la energía con que se movían aquellos molinos primitivos, ya que siempre asociamos a la forma y figura de aquellos una silueta «tronco cónica» que conformaba la torre, construida de piedra o ladrillos, con cuatro o seis aspas montadas en la cúpula, en su parte superior, destinadas a mover el molino por la acción del viento y la realidad es otra, casi con seguridad podemos afirmar luego de conocer los pormenores y detalles constructivos del molino Forclaz y las caracteristicas del que pretendemos homenajear, que ambos  fueron en algún momento Tahonas (Movidas por tracción a sangre), a las que se les trató con distintos resultados, no siempre positivos, de transformar en Molinos de Viento, o tambien pudo haberse dado el proceso inverso, por lo que podríamos afirmar que por la energía utilizada para su accionamiento se trataba de «Molinos Duales», que si bien probablemente nacieron como Tahonas fueron modificados, no siempre con buenos resultados, para que fuesen movidos por acción de energía  eólica.

Realizadas estas pequeñas aclaraciones tanto de orden semántico como en lo puramente técnico, nos iremos adentrando en el tema específico que nos ocupa.

Recuerdo que en mi niñez cada vez que oía mencionar el apellido Aragón, siempre surgía la misma pregunta: «Cuál de ellos?»,  «El de la Tahona?», o «El que intentó volar?», o de igual forma, cuando se trataba de referenciar y ubicar determinado núcleo familiar con ese apellido era menester aclarar si correspondía, o no, a los propietarios de la Tahona.

El apellido en cuestión, cuyo origen es de la región del norte de España derivada del reino del mismo nombre, (Aragón) compuesta actualmente por las provincias de Huesca, Teruel y Zaragoza,  ingresó al Virreinato del Rio de la Plata y se afincó primitivamente en la denominada «Madre de Ciudades» como se  conoce a Santiago del Estero, que ostenta la apreciable edad de 471 años, y se supone que de allí se originó su arribo años mas tarde a la zona de Chacabuco.

Hagamos primero una breve introducción describiendo las inquietudes de uno de los integrantes de la familia que como tantos, a lo largo del tiempo, soñaron con la tan ansiada sensación de volar, así uno de los miembro de la prolífica familia, quizás inspirado en las aspas del molino, un día pretendió transformarse, emulando la mitología griega, en un «Ícaro autóctono de las pampas» y  puso manos a la obra diseñando y construyendo un sistema alar que le posibilitase moverse y volar por los aires. 

Es el gran Haroldo Conti, (orgullo literario indiscutido de los chacabuquenses), quien le rinde un sentido homenaje en su cuento «AD  ASTRA» (a las estrellas), donde describe la quijotesca tarea y la intrepidez del singular personaje Basilio Argimón, quien, oh!,  rara coincidencia elige los silos del viejo Molino Rio de la Plata de la Avenida Saavedra para lanzarse en su vuelo de bautismo, previos ensayos en las bardas del Polígono de Tiro, nada mejor para entender el sentido del relato que un breve fragmento de tan bella y descriptiva obra:

«…El maestro Marsiletti contraatacó en forma breve y concisa. Proponía que el 12 de enero, aniversario de la Sociedad Unión y Benevolencia, el vecino Basilio Argimón ejecutara un vuelo de prueba lanzándose desde lo alto del molino Río de la Plata en presencia del cura, el intendente y el comisario, como así del resto de las personas de Chacabuco que merecían plena y debida fe»

«…Argimón se introdujo por fin en la abertura del medio y ellos, (José y Marcelo) la alzaron, (al ala) y ajustaron hebillas y correas. Luego el maestro ejecutó las flexiones y saltos de práctica. Una corta carrera hasta la mitad de la plataforma sustituyó, por razones de espacio, el trote circular. De cualquier forma, estaba todo en orden y el maestro se situó en el borde posterior listo para el vuelo. 

José agitó un pañuelo de acuerdo a lo convenido, el señor Maroni aprontó la máquina y el señor Pelice disparó una bomba de estruendo. 

Silencio. 

Un salto y otro salto y otro. Antes del borde Argimón ya estaba en el aire. 

Hubo un cabeceo inicial, como siempre, y después ese instante de vacilación, casi de inmovilidad. Pero en el momento mismo que el grito llegaba desde el fondo de la calle, Argimón cobró repentina altura embestido por una racha de viento. 

La gente alcanzó a ver el jirón de tela y el pedaleo alocado de las piernas. 

Luego, con un giro en barrena, el hombre-pájaro se precipitó a tierra y se estrelló sobre el techo del hotel Unión»

Entrando en el tema de fondo que pretende tratar de lograr esta «Historia…» trataré de resumir en ella lo que he logrado obtener de distintos recortes, archivos y documentos que relatan el derrotero de la mentada «Tahona». Así todo parece indicar que la misma nació a orillas del Paraná a mediados del Siglo XIX  y segun testimonio de don Galo Lorente, que al momento de formular esta  declaración contaba con 90 años de edad, manifestó haberlo conocido en  1868 en el partido de Junin donde había sido trasladado desde su emplazamiento original, la misma se levantaba en el sitio conocido como: «Las Vizcacheras». Así pues en el testamento de don Julio Labrué, (comerciante de la zona) fallecido el 2 de  noviembre de ese año, (1868),  consta que «Dejaba un Molino de Viento emplazado en un terreno de cuatro cuadras con sus maquinas y aparatos». El señor, Labrué, estaba casado con Doña Genara Carrasco Dávila quien al enviudar se lo vende al señor Domingo Narbondo y fue este último quien lo traslada a la zona de quintas hacia  e+l oeste de la planta urbana Chacabuco, en cercanías de la actual ubicación del «Polígono de Tiro» y en ese lugar donde estaba emplazado, desde fines de 1887, fue adquirido por Don Ángel Aragón, que a la postre fue su último propietario.

No se poseen muchos datos de la caracteristicas constructivas originales del citado molino, todo parece indicar por los datos recopilados que estaba constituido por una torre de forma troncocónica de 14 metros de altura construida en gruesos ladrillos que remataba en una cúpula donde se montaban cuatro aspas  de madera de lapacho de siete metros y medio de largo y cuarenta centímetros de ancho con dieciséis  traviesas, un tirante y cuatro listones cada una, las que se cubrían con telas de lienzo encerado a la manera de velas, que al girar por impulso del viento generaban la fuerza motriz para mover los mecanismos que terminaban haciendo mover una de las piedras del par que componía el molino en si, que se ubicaban en la parte inferior en forma horizontal contenidas por zunchos de hierro, asentadas sobre base y cojinetes de algarrobo. Para los dias de escaso viento poseía un mecanismo y malacate para el  accionamiento mediante «tracción a sangre».

Las nombradas aspas, desempeñan su misión de receptoras de la fuerza del viento, hallándose su eje interconectado  al árbol vertical, (de hierro), al que le imponen un movimiento giratorio, moviendo la piedra móvil en un movimiento de rotacion

En el detalle constructivo, este molino se asemeja a los holandeses; en el número de aspas -cuatro- y en la longitud de las mismas. En otras regiones de Europa hubo molinos con hasta seis velas o aspas.

La cúpula  o capacete del molino tiene en su parte superior una veleta en forma de flecha. Era costumbre de entonces denominar al molino según la figura que presentaba en su  veleta. Así se denominaban «de la flecha», «del pescado», «del galgo», «de la sirena», etc.

El techo,  es giratorio, con el objeto de poder orientar las aspas en la dirección del viento y ese movimiento se facilita por medio de cojinetes de bolas, que se asemejan por su tamaño a balas esféricas de cañón de gran calibre y que giran dentro de una canaleta, pista o guía construida por medio  dos rieles, los que a su vez, van asentados sobre gruesas vigas de quebracho fuertemente aseguradas.

El mecanismo por medio del cual se transmite el movimiento desde la parte superior de la torre, está situado en la parte superior de la cúpula  y se une a la muela móvil por un árbol vertical de hierro 

La piedra fija es llamada solera, ubicada en la parte inferior, la otra móvil, encima de ésta recibe el nombre de volandera, ambas contenidas en su contorno  por sunchos de hierro, son las encargadas de abrir y  triturar el grano y están asentadas en fuertes soportes de algarrobo.

La maquinaria, combina en su construcción partes metálicas, (hierro), combinada con madera, que es mayoría en su constitución, como por ejemplo las ruedas dentadas que componían los mecanismos reductores Las correas y demás tensores son de cuero crudo.

Es digno de hacer notar que esta antigua maquinaria tiene una campana combinada que, por medio de su badajo, anuncia a modo de alarma cuando falta el grano en la tolva o depósito, desde cuyo recipiente pasa a la molienda ingresando por el centro de la piedra superior, (volandera).

Para poner en movimiento a las aspas en días de poco viento, el molino cuenta con un manubrio que lo impulsa en forma manual  ubicandose el operador en una pequeña plataforma de madera dura con una barandilla, construida en el exterior del muro, la cual sirve también de base, para que, colocada una de las aspas verticalmente pueda utilizarse de escalera para ascender hasta el eje del nacimiento de las aspas.

Para el  caso de soportar tempestades y rachas de vientos fuertes la rueda se coloca en una posición tal de que el eje principal quede en dirección al viento, operación que se efectúa por medio de un juego de palancas.

El interior de la torre consta de cuatro pisos, a los cuales se sube por medio de rústicas escaleras. Está alumbrada por ventanas y pequeñas aberturas hechas en el muro.  

La Tahona, que segun lo descripto nació a orillas del Paraná a mediados del siglo XIX, no finalizaría sus dias en el emplazamiento en las afueras de Chacabuco, le quedaba todavía su último viaje de poco mas de ciento treinta kilómetros hacia el «Museo Colonial e Histórico de la Provincia de Buenos Aires – Enrique Udaondo-«  de la cuidad de Lujan  

A fines de  la decada de 1930 el Señor Enrique Udaondo se interesó por la Tahona, que por entonces ya se hallaba inactiva, para incorporarla al Museo que estaba creando, pero el Señor  Ángel Aragón no estaba decidido a realizar la donación fundamentalmente por no lograr un pleno acuerdo de su prolífica familia (Compuesta  diecisiete hijos), pero fallecido Don Ángel, fue su hijo Clemente quien desinteresadamente cumplió con la donación.

El Ultimo viaje de la emblemática Tahona desde  Chacabuco al Museo de Lujan, que se llevó a cabo en el año 1939, fue difícil y costoso ya que significó desarmarlo y rearmarlo en su totalidad, tanto la estructura edilicia como la maquinaria.    Dichos trabajos fueron realizados por el mecánico Don Antonio Pascarelli, especialista en molinos, y los albañiles Giacoia Hermanos fueron quienes construyeron la torre. Los gastos fueron solventados con las donaciones de Juan Rocatagliata Costa y Labrué, familiares, (nietos) de sus anteriores dueños cuando se hallaba emplazado en cercanías de «Las Vizcacheras» en Junin.

En el año 1965 a modo de homenaje con motivo del Centenario de la Ciudad de Chacabuco se inauguró la Plaza 5 de Agosto, (fecha de la fundación en 1865) ubicada en el vértice oeste del damero del trazado primitivo de doce por diez cuadras que formaba la planta urbana, sitio donde hasta entonces se hallaba en Campo de Deportes Municipal, esta plaza ostenta en su centro una magnifica réplica de la Tahona  como tributo al trabajo, esfuerzo y tesón, que con singular sacrificio y entrega prodigaron aquellos pioneros que engrandecieron nuestra patria y dignificaron la profesión que nos identifica.

Hasta la próxima Historia

Agradecimientos:

                            A los profesores Antonio Vita y Roberto «Tito» Antonini.

                           Archivos de Semanario Clarín de Chacabuco

                          Documentación del Museo Enrique Udaondo – Lujan-

Carlos Berrueta es actualmente es asesor Técnico y Capacitador de Personal de Molinos Harineros y Fábricas de Raciones.

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