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por Carlos Berrueta

Evolución a partir del nacimiento de nuestra Patria

Pero llega el primer grito de libertad, el 25 de mayo de 1810 y con ello se hace efectivo el alegato de Mariano Moreno en su Representación de los Hacendados. Se establece el comercio libre como medida inmediata conducente a la prosperidad de la incipiente nacionalidad y uno de los primeros decretos del Gobierno de Mayo establecía… que las harinas que se exporten de la ciudad de Buenos Aires para el Paraguay u otro cualquier destino no deben pagar derecho alguno.

Esta disposición evidencia el espíritu de los noveles gobernantes y trasunta el deseo de obtener por vías de la exportación, salida a una producción indudablemente excesiva para el consumo local.

El mismo gobierno, en 1824, prohibía la introducción de harinas extranjeras, así como establecía en 1831 derechos de importaciones a las mismas.

El primer molino a vapor fue fundado en la ciudad de Buenos Aires en el año 1845 en merito a una concesión especial otorgada por el gobierno y se estableció en la actual calle Balcarce entre Moreno y Alsina, con máquinas perfeccionadas para la época, que permitió mejorar sensiblemente la calidad de los productos obtenidos hasta entonces en el país.

Su propietario, al parecer, fue el almirante Guillermo Brown, héroe de nuestros combates navales en la lucha por la independencia.

En 1832 se permitió la introducción de harinas y granos, pero la disposición fue denegada días después… por afectar los intereses de la República.

En 1854 existían en Buenos Aires tres molinos a vapor con una producción total de 390 fanegas* diarias,» aprox. 39000 Kg.» No obstante no alcanzaban para las necesidades de la población.

Durante esa época y hasta 1860, la agricultura tuvo escaso desarrollo en el país. Falta de transportes, poca agilidad y lentitud en los mismos, obstruía toda forma de comercio activo.

La materia prima llegó a escasear y apenas satisfacía necesidades locales. El aumento de población determinó la urgencia de importar harinas  de Chile, EE.UU., y Australia a efectos de lograr el abastecimiento    nacional.

Según el censo de 1869 existían por entonces 129 molinos, lo que refleja la escasa capacidad productiva unitaria.

Recién en 1877 el país pudo prescindir de las harinas de importación y ya en 1878 se anotan las primeras cantidades exportadas en un vuelco realmente sorprendente y promisorio.

El censo de 1881 da cuenta en cambio de un total de 97 establecimientos entre molinos y tahonas.

En 1891 de acuerdo a las cifras del censo la cantidad de molinos ascendía a 385 establecimientos.

En 1895, época del censo nacional, aparecían actuando en el país 659 establecimientos molineros, de los cuales 234 lo eran a vapor, 303 hidráulicos, 17 mixtos, 56 tahonas y 49 sin especificación de la fuerza motriz que los accionaba.

Llama evidentemente la atención que en un país como el nuestro, eminentemente llano, con vientos suaves y frecuentes, no se hayan implantado los molinos a viento de tanta importancia y gravitación en aquella época en los países europeos más adelantados.

A esa fecha, el número de molinos accionados a vapor estaba así distribuido geográficamente: 

– Santa Fe 72,

 –  Entre Ríos 56 

–  Buenos Aires 46.

Hasta 1880 los molinos empleaban para la fabricación de harina el sistema denominado «de piedra», no obstante que el método austro-húngaro de reducción gradual utilizando rollos o cilindros metálicos o de porcelana se había inventado y puesto en vigencia  años antes, pero todavía no había llegado a estas tierras.

En fecha 13 de mayo de 1886, el diario «La Prensa», bajo el titulo «Molino en la Colonia General Roca», dice:… don Mariano Peirano se ha presentado al Ministerio del Interior solicitando se le concedo en propiedad, gratuitamente una chacra ubicada en dicha Colonia, con destino al establecimiento de un molino a cilindros de un sistema nuevo.

En el mismo diario y correspondiente al 26 de agosto de 1886, se da cuenta de la instalación de un molino a vapor en la ciudad de La Plata.

En 1894, en el número correspondiente al 1ro. de enero del diario «La Prensa» se consignan las cifras de importación de trigo y harinas desde 1870 a 1881 y hace mención a la necesidad de importar solo trigo por haberse liberado en el orden industrial de la tutela de otros pueblos.

En 1886, solo en la provincia de Buenos Aires existían 129 molinos, resultando del importante desarrollo de la agricultura como consecuencia de la inmigración, del establecimiento de colonias agrícolas, de la fertilidad de las tierras y del tendido de líneas férreas, todo lo cual contribuyo al mayor desarrollo de la industria molinera nacional.

La comparación de las cifras de los Censos Nacionales de 1895 y 1914 nos da una idea acabada de la evolución experimentada por la industria harinera en nuestro país. Mientras que en 1895 existían 659 establecimientos en actividad, la cifra se redujo a 408 en 1913, mientras su capacidad de producción se había elevado en cantidad de toneladas de 4.100 a 8.000 toneladas diarias.

El advenimiento del ferrocarril había «matado» a los pequeños molinos de tecnología anticuada, de escasa capacidad productiva, y solo rentables cuando se trataba de elaborar harina para el consumo de las poblaciones locales circundantes al lugar de emplazamiento de los mismos. En cambio, los aumentos se explican por la necesidad de una rápida transformación industrial para proporcionar su producción, asegurando el consumo en la amplitud adecuada a los requerimientos internos y externos.

Como esa transformación ha debido hacerse bajo la presión de las circunstancias y sin sujeción y control mediante un plan económico general, se llegó en 1900 a la situación de que los molinos instalados tenían una capacidad de molienda que ascendía a 1.250.000 Tn. de trigo anuales, con una produccion de 850.000 Tn. de harina, mientras que el consumo interno no sobrepasaba las 390.000 Tn. y el trigo disponible – descontadas las necesidades para la producción industrial-, alcanzaba apenas al 50% de lo que habrían podido elaborar los molinos instalados.

En aquella época las provincias de Buenos Aires y Santa Fe producían casi el 60% de la harina elaborada en el país.

En 1914 el porcentaje bajo al 40%, pero en cambio en la Capital Federal, favorecida por la red ferroviaria y la proximidad del puerto, aumento del 18% al 33% en referencia a la producción total. 

Nota del Autor: Se observa y se desprende analizando lo descripto, que ya desde principio del siglo XX empieza a producirse la concentración masiva en torno a la Capital Federal y ya se empieza a observar una ociosidad importante en lo que respecta a la capacidad instalada y a la  produccion molinera.

Hasta la próxima Historia.

Fuentes Consultadas:

                                   Archivos Históricos.

                                  Actas del Cabildo de Buenos Aires

                                 «Del Trigo y su Molienda» Dr. Ovidio Gimenez (1961)

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