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por Carlos Berrueta

En el ir y venir de este alocado viaje por los almanaques del tiempo vamos a recordar en «Historias…»  como fueron los inicios de la molineria en nuestro continente  desde la época de la  conquista española, mas precisamente en el Virreinato del Rio de la Plata, hasta poco más del advenimiento de nuestro Primer Grito de Libertad en mayo de 1810. Veamos a lo que nos cuenta la historia entonces.

La Época de la Iniciación

Con el descubrimiento del Rio de la Plata por Don Juan Díaz de Solís en 1515, aunque algunas crónicas dan como que el hecho sucedió en enero de 1516, al que denomino Mar Dulce en merito a su amplitud y caudal y las posteriores fundaciones de la ciudad de Bs. As. por don Pedro de Mendoza en 1536 y Don Juan de Garay en 1580 puede decirse que comienzan los primeras expresiones de la vida ciudadana argentina, dentro de las normas,  disposiciones y leyes de Indias que regían las atribuciones y deberes de los primeros Adelantados del Rio de la Plata.

Sin antecedentes fidedignos que lo confirmen, pero respondiendo al análisis histórico y a las reseñas de la época en cuanto a los bienes y productos traídos de España para el sostenimiento de los incipientes núcleos sociales, puede afirmarse que en los primeros albores de organización institucional, posteriores al descubrimiento, necesariamente fue la harina uno de los tantos artículos o productos traídos de la madre patria para la alimentación de los pobladores de estas tierras de América.

Con el mismo razonamiento podemos admitir que al tiempo de la obtención de los primeros granos de cereal, necesariamente ha debido tener nacimiento la fabricación de harinas, aunque en forma primitiva, rudimentaria y familiar.

Los conquistadores procedían de un país avanzado en conocimientos y técnica  en relación al nuevo lugar de residencia y habrán usado en forma sencilla y domestica métodos adecuados para la fabricación de harinas que habían visto emplear a sus mayores en las aldeas de la lejana España.

Triturar el grano y obtener de esa operación producto para la obtención de pan, no era tarea a ellos desconocida o imposible, con solo seguir los sistemas primitivos de trituración por piedras, ya sea  accionada por la mano del hombre o accionadas por la fuerza animal o hidráulica.

Podría afirmarse que la implantación de la molinería en nuestro continente habría aparecido con la obtención de los primeros granos del cereal en las tierras americanas y que su industrialización habrá experimentado la natural transformación desde la más primitiva a la más moderna de las épocas, de acuerdo y en la medida en que fueran siendo más considerables las cantidades de trigo obtenidas en las pequeñas parcelas que la vida de reclusión militar imponía en la defensa de la vida y haciendas de los conquistadores, expuestas a los ataques y depredaciones  de los nativos. 

La ubicación del primer Molino

La primera noticia que se registra de la implantación de un molino en territorio argentino,- la señala Francisco  Latzina-,  como referida al año 1580, en la ciudad de Córdoba, donde también se menciona que se trataba de un establecimiento accionado por energía hidráulica lo que significaba una primera expresión industrial importante para la época. No  obstante no se menciona ni la capacidad ni la ubicación del molino.  

Por otra parte, la absurda política económica seguida por la Corona mediante la instauración de un régimen de absoluto monopolio, era poco propicia al desarrollo de la agricultura, base esencial para cualquier industria molinera.’

Ese mismo año el Rey de España expedía una cédula por la cual: «…..concedía a los pobladores de Buenos Aires por el tiempo de seis años exportar frutos de sus cosechas en buques propios y por su cuenta hasta 2000 fanegas * de harina… etc  lo cual demostraría que en la Colonia ya se producía harina y que en determinadas épocas era posible exportar después de haber abastecido las necesidades del consumo local.

Analizando las actas del Cabildo de Buenos Aires, pueden encontrarse disposiciones que dicen de la existencia e implantación de establecimientos destinados a la molienda de granos.

En 1585 por Resolución que aparece en los capitulares de la ciudad de Córdoba» Resolución del 18 de junio de 1585″, se determinan penalidades para el que utilizara el agua necesaria para el funcionamiento del molino construido dos años antes por los conquistadores.

Aparecen asimismo constancias donde se establece que existían muchos propietarios de chacras y que la falta de funcionamiento del molino ocasionó  «… mucho trabajo a los vecinos de esta ciudad Córdoba a causa de moler los indios a mano, que es excesivo trabajo y la acequia se secó especialmente para el molino de la ciudad.»

Es este otro dato, que evidencia que el molino debía existir desde años antes, ya que en 1585 había ya una acequia que había sido construida especialmente con ese destino.

Habiendo sido la ciudad de Córdoba fundada en 1573, puede suponerse que el molino en cuestión, teniendo 4 o 5 años de existencia en la fecha a que se refiere la mencionada Acta del Cabildo, dataría aproximadamente de la misma época de la fundación de dicha ciudad.

Podría en esta forma afirmarse categóricamente de que el primer molino instalado en la República Argentina, de acuerdo a noticias autenticas estuvo ubicado en la ciudad de Córdoba y fue fundado allá por el año 1580, era movido por fuerza hidráulica y como se ha podido comprobar, aparecen constancias fehacientes de que el mismo estuvo en actividad hasta 1585.

Tres años después, el 4 de mayo de 1588, el Cabildo de la misma ciudad de Córdoba determino el precio por el cual debía efectuarse la molienda …en el molino de agua que tiene hecho Pedro Soria el mozo, cuyo precio era por fanega de trigo dos tomines en moneda de esta tierra que es lana, sebo, caballos, bueyes

Por razones de que en el Acta del Cabildo se expresan, parece deducirse que este molino, también de agua, no es el primitivo que existió en 1585, de manera que resultaría que en aquella época había dos establecimientos en la ciudad de Córdoba, destacándose que el de Pedro de Soria fue mandado a clausurar por el Cabildo en 1602.

En los mismos capitulares consta que en 1598 había otro molino de agua en la ciudad de Córdoba perteneciente al Capitán Tristán de Tejada y que en 1599, el mismo Cabildo concedió permiso a Agustín Ruiz de Castelblanque y Baltasar Ferreyra, para establecer otro molino movido a agua, situado a media legua arriba de la toma de la acequia principal.

En 1605 se concedió a los hermanos Alexander el correspondiente permiso para la construcción de un molino a viento y dos años después, o sea en 1607, se presentaba una situación singular, pues se prohíbe la salida de los mismos atento según se decía, a la irremplazable de sus funciones y en merito a la escasez de personal competente.

En acta del Cabildo del 1ro de junio de 1609, respecto a peticiones del Procurador general de la Ciudad, se exige del Capitán Tristán de Tejeda, vecino de la ciudad de Córdoba, que proceda a la compostura del molino de su pertenencia, conminando además a dicho Capitán para que, a su vez, proceda a levantar un molino .. dentro de seis meses próximos, en un terreno de su propiedad sobre el Rio de las Conchas, por haberse concedido tal sitio a sus efectos, Libro de Acuerdos, tomo II, libros I y II correspondientes a los años 1608- 13

El 28 de julio de 1610 se ratifica la anterior acordada, conminando al Capitán Tristán de Tejada a construir el molino sobre el Rio las Conchas bajo apercibimiento de anularse la licencia concedida y permitirse edificar un molino por quien así lo deseare, toda vez que no hay parte mas cómoda donde edificarse.

En la reunión del referido Cabildo correspondiente al 10 de enero de 1611, se otorga al Capitán Francisco García Romero licencia para edificar un molino de agua en las cercanías  del riachuelo, en merito a ser de utilidad y beneficio.

Otra análogas disposiciones ya referidas a trigo, precios, o asuntos atinentes a molinos, pero que dan una idea del problema y permiten deducir la existencia de esta industria, pueden encontrarse en los Acuerdos del extinguido Cabildo de Buenos Aires del 29 de julio de 1671, 4 de marzo de 1688, 7 de abril de 1701 y en los años 1741, 1744, 1749, 1754, 1757 y 1768, en los que se autoriza la construcción de molinos cediendo incluso terrenos para tal fin.

La falta de interés por la agricultura en la época colonial y el aumento de la población, no obstante las pequeñas y esporádicas exportaciones de harina al Brasil en aquel entonces, a que hacen relación las crónicas, no permitía que la industria molinera durante el periodo de la colonia adelantara convenientemente y la carne constituyó así la base principal del alimento de los pobladores.

Varias son las razones que se le atribuyen a saber:

 1ro). Falta de Materia Prima

2do). Falta de mercado exterior para sus excedentes por la prohibición existente en cuanto a la libertad de comercio, aun durante el propio Virreinato

Indudablemente que esta breve reseña no permite conocer, ni se sabe el número de molinos que funcionaron en aquellas épocas, pero necesariamente habrán sido numerosos, aunque de escasísima importancia por su producción, deduciendo de las crónicas que fueron accionados por fuerza hidráulica o animal.

Hasta aquí llevaremos LA PRIMERA PARTE del recorrido por los orígenes de la molinería.

Hasta la PARTE 2 de esta Historia.

* La fanega es una medida de capacidad española para áridos, que equivalía en Bs As a 210-215 libras, o sea aprox a 98,77 Kg, normalmente se refería a un equivalente del Quintal (100 kg.)

Fuentes Consultadas:

                                   Archivos Históricos.

                                  Actas del Cabildo de Buenos Aires

                                 «Del Trigo y su Molienda» Dr. Ovidio Gimenez (1961)

Continuar a la PARTE 2 AHORA

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